Con el dólar también se sufre

 
Con el dólar también se sufre

Cuando comenzaron a proliferar los bodegones y regresaron los productos a los estantes de los supermercados, los venezolanos tuvieron la sensación de que recuperaban cierta normalidad, a pesar de la pandemia y las cuarentenas intermitentes. Es cierto que la mayoría de la población no tiene acceso a muchos de los productos de la canasta básica, menos a los lujos importados, pero por lo menos las largas colas para conseguir harina de maíz se acabaron.

No son pocos los que esperan el anuncio de una dolarización oficial, porque los montos en bolívares a veces son hasta impronunciables. Pero al régimen no pareciera importarle la pérdida de valor de nuestra moneda, que tengamos los peores índices económicos, que encabecemos los peores rankings, que tengamos el más bajo salario mínimo del continente, que la hiperinflación no ceda…

La dolarización, entonces, ha sido clandestina, paralela, turbia, como es usual en ellos. Pero, ¿cómo no iba a ser así? Hasta hace pocos meses el sucesor de Chávez despreciaba -¿de la boca para afuera?- la moneda estadounidense. El meollo del asunto es que las consecuencias de esta manera de proceder, como todo lo del susodicho socialismo del siglo XXI que no da pie con bola, las sufren los ciudadanos.

La población ya dejó de preguntarse de dónde salen las divisas que circulan, porque se sabe que la respuesta es que los únicos que acceden a grandes cantidades son los enchufados y los que se mantienen ilegalmente en el poder (a veces los que se visten de verde aportan lo suyo).

Las medidas al respecto son dictadas hasta por los tribunales, porque ya alguno en días pasados sentenció que el dólar es aceptado como moneda de cuenta. Más claro no canta un gallo. Se ha facilitado a la banca la apertura de cuentas en divisas e incluso está permitido moverlas electrónicamente. Esto los pone al día con la entrada de remesas que buscan cualquier camino posible para llegar a sus destinatarios.

El problema real de esta situación es que el ciudadano lleva las de perder. Como no es oficial, sino a medias, no entran al país los billetes ni las monedas de manera regular a través de los acuerdos monetarios necesarios entre el Tesoro de Estados Unidos y el Estado venezolano.

Venezuela es el único país en el que solo se usan billetes de 20 dólares hacia arriba. No hay manera de conseguir cambio para menos de eso, por lo que el consumidor está obligado a veces a gastar una cantidad que no tenía prevista. No hay regla, no hay norma, y cuando metieron su mano los del régimen, el despelote fue peor. Todo juega en contra del venezolano, que llega con un billete y sale con bolívares superdevaluados en su cuenta bancaria (no hay en físico) o con un papelito en el que informalmente le escriben lo que deja abonado de vuelto.

¿Quién pierde? Por supuesto que nunca los comerciantes, tampoco los enchufados que montan bodegones y mucho menos los dueños de grandes cadenas. El ciudadano la mayoría de las veces tiene que pasear con 20 dólares en el bolsillo de un local a otro para ver si le dan cambio. El que al final nunca le verá el queso al billetico verde es el venezolano.

Editorial del Nacional

Siguiente publicación Publicación anterior
Sin comentarios
Agregar comentario
comment url